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“Los extraños” de Iván Quezada septiembre 14, 2012

Posted by joseangelgayol in Relatos.
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Mirarse en el espejo del mundo produce, en ocasiones, una rara extrañeza, y retratar ese asombro es la labor que realiza Iván Quezada en su libro de cuentos Los extraños. Son diecisiete cuentos que tratan sobre la inadaptación, la inseguridad o la alienación del ser humano, temas que trataron maestros como Kafka o Julien Green. Los personajes suelen ser solitarios que recorren la ciudad en busca de amor o amigos, que recuerdan al entrañable Victor Bâton, el antihéroe de Mis amigos, de Emmanuel Bove, y a otros seres imaginarios y reales que han poblado los universos de la literatura buscando un sitio donde quedarse.

Aunque Los extraños aparece dividido en cuatro partes, todos los relatos tienen en común ser una fábula sin principio ni fin, cortes en la vida de los personajes, como instantáneas de una angustia concreta, un engaño, un roce que no debió producirse. La escenografía es diferente en cada caso, pero en todos late la imprecisa brújula de la extrañeza. En “El reptil” vemos retratada la inmovilidad de un sujeto que no quiere abandonar su apartamento, y no desea que lo molestan para nada. La perplejidad que produce el relato “Dos amigas” sólo es comparable con lo horrible del final, en el que una bella mujer adopta, de forma consciente, una apariencia espeluznante que no puede detener.

 

En este sentido, el autor se extraña del mundo en el que vive y lo retrata a veces deformándolo, y otras, lo que resulta más angustioso, situando un espejo fiel frente a la realidad chilena. Existe una preocupación social en cada uno de los cuentos, especialmente en el último (“Cisnes y elefantes”), que supone una voluntad de gritar sin alzar la voz, decir las verdades pero con temor a las represalias. Parece que Iván Quezada se autoimpusiera una censura literaria que le impidiera ser suficientemente agresivo. Es evidente, por tanto, que la dictadura chilena planea por todas estas páginas como una amenaza constante, y el porvenir de la juventud y del resto de la sociedad de su país lo ve el cuentista con un profundo temor.

Y es que los personajes de estos cuentos tienen miedo, no en vano los títulos de algunos dan pistas de los sentimientos del autor: “El temor de Nadia”, “Las cuitas del joven artista” o “Claudia teme a los hombres”. También hay miedo en “El gorila” (¿quién no tendría miedo si llega a su casa y descubre, sin motivo alguno, un gorila en el recibidor?) o en “El cajero” (un simple funcionario que descubre su aptitud para matar con sólo desearlo).

Los cuentos terminan casi siempre en un anticlímax sin definición, perdiéndose en las brumas de un futuro desasosegante. Los protagonistas son inadaptados, o directamente deformes en busca de comprensión (“La fiesta del monstruo” es uno de los mejores relatos que he leído en mucho tiempo). A alguien le preguntan: “Pero, ¿por qué tiene esa cara? (…) ¿Acaso está incómodo, acaso es un solitario?”. El escritor se encuentra al borde de cada personaje sin saber dónde situarlo. Ulrich, El hombre sin atributos de Robert Musil, dice en un momento de la novela que “lo que diferencia a un ser sano de un enfermo mental es justamente que el sano tiene todas las enfermedades mentales y el enfermo mental sólo una”. Sebastián, Daniel, Manolo, María… son extraños que viven entre extraños, enfermos mentales que no hayan lógica en la realidad, tal vez porque la realidad no tenga lógica.

La prosa exige una lectura demorada, recorrer pasa a paso las palabras de la agonía que late en cada página: la belleza que se marchita, la dictadura que pesa como una losa, incluso después de lograr la democracia, los caminos que se cierran… Son muchos los temas tratados con temor y congoja, pero en el que quizás sea el mejor relato de todos, y también el más largo, “Cisnes y elefantes”, Iván Quezada abre una puerta al amor tierno, a las luces vislumbradas entre la neblina de un Chile que camina sin rumbo, sorteando obstáculos para llegar a un final que merezca la pena ser alcanzado: “Levanté los ojos y vi a María cada vez más lejos, esquivando escombros, obreros, surcos de agua, y cuando al fin estuvo a salvo de la lluvia, más allá del derruido portal del ferrocarril, se volvió a mirarme sonriendo”.

(Los extraños, de Iván Quezada. Tajamar Editores, Santiago de Chile, 2005)

Publicado en la revista Clarín, núm. 63.