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“Hogueras en la llanura”, de Shohei Ooka marzo 25, 2011

Posted by joseangelgayol in Novelas.
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Shohei Ooka dio a luz en 1957 un alegato pulcro y elegante a favor de la paz, que, aún hoy, constituye una muestra sólida de la mejor narrativa sobre la II Guerra Mundial, y de la mejor prosa en japonés. El propio autor vivió algunos de los hechos que describe en este pequeño clásico de todos los tiempos, y supo transmitir en cada una de sus páginas los sentimientos de desorientación, miedo y remordimientos que atacan a un soldado vencido.

Porque Hogueras en la llanura es una crónica descarnada de la derrota, las tribulaciones de aquel que no halla su destino una vez que éste le ha sido arrebatado. La conciencia del soldado japonés durante la II Guerra Mundial se dirige por los caminos que dictan el Emperador y la Patria. En el momento en que la Patria abandona a sus hombres a las tropas enemigas, aquellos sufren por sí mismos, pero sufren también por el destino de gloria del que se les ha desposeído.

El soldado Tamura es testigo del hundimiento moral del ejército japonés en una pequeña isla filipina. Herido y tuberculoso es expulsado de su regimiento por inútil para el servicio. Rechazado a su vez en el hospital, donde se han de atender a heridos más graves, se ve obligado a vagar por la selva encontrando en su periplo a compañeros de armas que sobreviven de lo que pueden. Cada personaje que surge de Hogueras en la llanura es una fotografía de un alma herida. Y es que el concepto de alma tiene su importancia: Tamura ahonda progresivamente en sí mismo en busca de respuestas para él y para los demás soldados.

Los ataques enemigos son como avisos de un futuro cierto: avisos de la muerte que acecha tras cada árbol, tras cada bala, tras cada explosión. En la llanura, las hogueras de los rebeldes filipinos hilan mensajes amenazadores para el decaído ejército japonés. Y esto Tamura lo advierte precisamente en un capítulo titulado “El destino”.

Mientras tanto, recorre la selva en busca de comida, pero los hallazgos más decisivos son de otra índole. Una cruz le guía a un pueblo cercano donde llaman su atención unos objetos. Al cabo, resultan ser los cadáveres roídos por los perros de los filipinos que allí vivían. La matanza, con la iglesia como testigo silencioso, provoca una revolución interior en el soldado Tamura, que recuerda su juventud, cuando se acercó curioso a la religión católica. “En ese momento advertí que mi relación con el mundo exterior se había cortado de manera tajante. En esa tierra no había persona alguna que pudiese responder a mi llamada de socorro. “Habrá que resignarse”, fue mi conclusión”.

Tamura se resigna a su suerte; parece que ha encontrado el equilibrio. Pero los derroteros de su huida le llevan a matar a una mujer de manera fortuita por una porción de sal. A partir de ese instante los remordimientos le atormentarán de nuevo. Primero le desconsuela su destino y el de su patria, pero pronto le entristece el destino de la naturaleza humana. Los actos de sus compatriotas con los filipinos, y entre ellos mismos no ayudan a redirigir su preocupación. La soledad y  el miedo le asaltan a cada paso, y sus compañeros de fatigas le dan la espalda.

Los soldados se vuelven egoístas, ariscos y miserables. Pelean entre sí, se venden al enemigo y, como colofón de lo que la degradación humana significa para Tamura, se matan y se comen unos a otros. El tema de la antropofagia recorre las últimas páginas de Hogueras en la llanura como una obsesión. En un momento dado, Tamura se siente transfigurado, más que humano, como un enviado de Dios que ha de limpiar la podredumbre moral de sus semejantes.

Trata de superar su culpa, y discernir dónde empieza la voluntad y dónde el destino. “En el espacio de nuestra vida que queda comprendido entre el azar de nuestro nacimiento y el azar de nuestra muerte, solemos mostrar los escasos sucesos acaecidos como una manifestación  de lo que llamamos nuestra voluntad. Y como resultado, al elemento que da consistencia a esa sarta de sucesos lo denominamos carácter o nuestra vida. Así nos sentimos reconfortados, pero en realidad no nos queda otro remedio que pensar así”.

Una novela de sentimiento y razón, un equilibrio literario inimitable.  Shohei Ooka nos brinda una oportunidad de disfrutar con la lectura y reflexionar sobre nuestras dudas como personas, a partes iguales, con lucidez estremecedora.

(Hogueras en la llanura, de Shohei Ooka, Traducción de Fernando Rodríguez-Izquierdo y Gavala, Libros del Asteroide, Barcelona, 2006)

Publicado en la revista Clarín, núm. 70.

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