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“El comisario Bordelli”, de Marco Vichi marzo 18, 2011

Posted by joseangelgayol in Novelas.
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En una cena se dan cita un asaltador de casas con mala suerte, un forense septuagenario, un joven policía imbuido de leyendas y sabiduría popular, un inventor que amaestra ratones y trata de mejorar a cada paso el bienestar de la humanidad, y un cocinero, que aprendió su oficio a través de una continua emigración por penales de toda Europa, y aún fuera de ella. ¿Qué tienen en común tan singular caterva de personajes? Evidentemente, el comisario Bordelli. Como en un baile, seres anegados en temores, leales y deshonestos, pudorosos y amargados, van girando en torno a un eje vertebrador constituido por un hombre de cincuenta y tres años, esclavo de sus recuerdos de guerra, y que vive en la Florencia del verano de 1963, un estío que, al decir del narrador, fue abrasador, marco en el que el comisario Bordelli tratará de hallar la solución de un crimen, como en toda novela negra que se precie. Así, sus investigaciones sobre la muerte de una rica mujer se perderán entre la bruma del recuerdo, otras muertes y otras angustias, los guisos de su restaurante favorito y las dificultades de saber el cómo del homicidio.

Efectivamente, una de las peculiaridades de esta novela es que desde el principio, o casi, sabemos quién es el autor del asesinato. Las sospechas se dirigen en un único sentido, pero la trama se articula en torno a una ecuación, en la que las incógnitas a despejar no se hallan en el resultado, sino en el cálculo previo. Bordelli y Piras, su recién nombrado ayudante e hijo de un viejo amigo de contienda, evolucionan sobre una nube de dudas, con el homicida u homicidas en el punto de mira, con un móvil plausible e incluso con la intuición que ningún detective, especialmente el literario, debe perder.

El argumento cojea en algunos puntos, casualidades demasiado casuales que suenan a ecos ya escuchados (el rayonazo en el coche de Salvetti, oportunamente descubierto justo cuando Bordelli y Piras ya se iban), o personajes que aparecen sólo para alimentar recuerdos (Elvira), sin aportar nada a la historia salvo ahondar en la descripción de la sempiterna melancolía del comisario. No obstante, no obsta para hallarse ante una lectura absolutamente recomendable, que invita a seguir leyendo, lo cual es el mejor tributo a cualquier obra literaria. Además, dado que esta novela, primera protagonizada por Bordellí, tiene su continuación en crímenes futuros, parece lógico suponer que Marco Vichi aglomera la presentación de individuos con el fin de preparar el terreno de un universo propio, al que irán acudiendo puntualmente escritor y lector, para que éste se regocije con el reencuentro en cada libro. Al final, la investigación se convierte en un escenario, un sutil decorado que enmarca la imagen de una época y unos seres, los partisanos de la Guerra Mundial, que no hallan su sitio en la Italia que despega.

Todos los personajes que aparecen en la novela lo hacen en retratos perfectos, analíticos pero no asépticos, criticados en sus defectos aunque sin perder una cierta clemencia, como si el autor pidiera perdón porque sean tan torpes, dignos y virtuosos, incluso los delincuentes. El comisario de Vichi resulta más amable que otros precedentes de género, ni tan sangriento como los detectives de Hammett, ni tan cínico como el inolvidable Marlowe de Chandler, acercándose más bien a los precedentes patrios como Bevilacqua o Carvalho. Su fuerza está en su bondad de puro simple. Diagnóstica la naturaleza de quienes le rodean al primer vistazo y sin temor de errores. Los silencios también hablan: el personaje de Rosa con su ausencia, esclarecedora de la soledad de Bordelli, y el primo Rodrigo enamorándose cuando no había esperanza, quizás indicándole el camino al soltero comisario; al tiempo, advertimos que el desamparo del protagonista se plasma precisamente en ese silencio, o en el ruido de los recuerdos, los cuales sirven para medir el estado de ánimo de Bordelli, lastrando su comportamiento y aguijoneándole a la vez.

Bordelli recorre la conciencia de los sospechosos, analiza minuciosamente móviles y consecuencia, pero sin sucumbir a un estéril uso de manuales y reglas, el instinto supone un método válido, y la imaginación es el juego que se pone en pie para sacar a la luz las verdades ocultas en el interior de cualquier ser humano. Desde el principio sabemos que Bordelli deja libres a determinados delincuentes, porque “quien roba para comer no es ladrón”, ganándose así las censuras de sus superiores. Al comisario Bordelli, le da igual, él sigue los pasos de la conciencia, bordea el bien y el mal, y los separa para decidir qué proporción hay de cada uno en la mente de un hombre. Marco Vichi nos ofrece un auténtico placer, una novela plagada de aciertos, con una prosa inspirada, que interroga sobre la alma a través de unos personajes tiernos, irreales, imposibles, y por todo lo anterior, también necesarios.

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