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“La humillación”, de Philip Roth octubre 7, 2010

Posted by joseangelgayol in Novelas.
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La última novela de Philip Roth participa de las características crepusculares que viene imponiendo a sus obras de un tiempo a esta parte. Igual que en Elegía, en La humillación nos presenta a un hombre al final de su vida, enfrentado a sus obsesiones y sus imposibilidades. Simon Axler es un maduro actor de teatro que pierde la confianza, el talento o la seguridad en sí mismo para actuar. Su mujer le abandona, medita una y otra vez en la posibilidad del suicidio, la soledad le rodea en su aislada casa de campo y decide internarse en un psiquiátrico con el fin de recuperar el rumbo de su vida y hallar una cura para su inexplicable incapacidad para transmitir emociones al público.

El derrumbe emocional preside todo el libro, como una amenaza, como una solapada forma de soportar la vida. No es Philip Roth un autor bisoño en estos terrenos. Los vericuetos de la reflexión inteligente sobre la vida y los sentimientos es una constante en su obra. En este caso, tenemos a Simon Axler, que repasa en soledad lo que ha significado para él la actuación y las relaciones con los demás. Este viaje incide particularmente en la percepción que los demás tienen del actor. De esta manera, Philip Roth habla desde la perspectiva pasiva del que es observado y se ha acostumbrado a construir su personalidad sobre la expectación que despierta en otras personas. Cuando Simon Axler pierde el talento para actuar, su vida pierde los asideros donde sujetarse. Los demás desaparecen, el público desaparece, y Simon también desaparece. Sólo existe, si existe el otro, parece decirnos Roth, como una nueva interpretación de los conocidos versos de Machado (“El ojo que ves no es/ ojo porque tú lo veas…”). Valga como ejemplo la petición que la terapeuta artística del hospital psiquiátrico hace a Simon de que trace un dibujo que refleje su sufrimiento, y que a continuación le dice: “Supongamos que tuvieras que ponerle un título al dibujo, Simon. ¿Cuál sería?” “Eso es fácil. ¿Qué diablos estoy haciendo aquí?

La novela se estructura en tres actos, al modo de un drama griego, y en cada uno de ellos la necesidad de certezas, la vulnerabilidad ante lo impredecible arrastra a Simon a personajes frágiles, al borde del abismo, que le marcan en mayor o menor medida. En el hospital conoce a una mujer cuya hija ha sufrido abusos de su padre. Y a la salida aparece otra mujer, hija de unos viejos amigos suyos y veinticinco años más joven, que acude a Simon en busca de refugio y consuelo tras ser abandonada por su novia. La mujer lesbiana y Simon inician una relación en la que Simon encontrará un asidero para reflotar su vida y un puente predecible a su destrucción personal.

A todo lo anterior hay que añadir la ya clásica exploración en el autor norteamericano de las más oscuras o limpias pulsiones sexuales, dependiendo del ojo moral que las observe. Los comportamientos y tendencias sexuales de los personajes chocan con los postulados culturales en los que viven, y ello implica una toma de contacto por parte de Simon Axler con una realidad desconocida. Si en Indignación, novela que retoma los ambientes de Adiós, Columbus, aunque con un tono más tenebroso, estas pulsiones sexuales desquician al protagonista, educado en una rígida moral judía, en La humillación, las prácticas sexuales de Pegeen son asumidas por Simon Axler con una suerte de sorpresa peligrosa e inconsciente. No sabe a dónde le dirigirá todo ello, intuye que está entrando en una zona peligrosa, casi sagrada, pero no puede evitar seguir adelante.

Philip Roth sigue produciendo a pesar de la edad, y lo hace con notable lucidez, si bien con altibajos. La suya es una literatura de la realidad en el sentido más literal posible, una disección de las emociones y las acciones como correlatos mutuos de necesario entendimiento. En fin, La humillación soporta la comparación con El lamento de Portnoy o Pastoral americana, que no es poco.

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