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“Al piano”, de Jean Echenoz julio 14, 2009

Posted by joseangelgayol in Novelas.
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Jean Echenoz es uno de los autores básicos de la actual narrativa francesa. Lamentablemente, hasta que ganó el Premio Goncourt no gozaba de demasiado predicamento en España, era casi un autor de culto que salió a la luz con Me voy. Habiéndole seguido desde hace años, uno va constatando que cada obra suya es un descubrimiento esencial, un paso de avance hacia un mundo desconocido en el que los sucesos más surrealistas pueden presentarse sin que nada perturbe la tensión dramática o la credibilidad de la historia, donde los personajes nos suenan como amigos lejanos de los que siempre se habla por sus rarezas, sin que nadie sepa a ciencia cierta a qué se dedican cuando no están, guiados por lógicas inalcanzables a través de París, Australia, Berlín o Bombay, poblando novelas que nos trasladan a realidades en las que la trama está al servicio del entretenimiento, sin menoscabar la calidad; al cabo, ganar el Goncourt resulta un suceso anecdótico, después de leer obras imprescindibles como Cherokee o El meridiano de Greewich.

echenoz

Tanto Amelie Nothomb, otra autora de referencia en las más recientes letras galas, como Jean Echenoz juegan al despiste, empezamos a leer una historia de detectives y luego resulta un drama sentimental, o un cuento de fantasmas, o un retrato autobiográfico alterado y exagerado. Los seres fantásticos conviven con los hombres en perfecta armonía, sobre un genial andamiaje literario. Si en Rubias peligrosas aparece un homúnculo, que incluso interviene decisivamente en el desarrollo de la historia, que no ve nadie aparte de la protagonista, en Al piano el protagonista es asistido por un ángel o demonio que guía sus pasos por el más allá. Al piano es una obra ambigua, que puede ser tomada como un mero divertimento del autor o bien confirmarse dentro del peculiar universo de Echenoz, para narrar una huida. En las novelas de Echenoz los personajes son permanentes fugitivos, por regla general de sí mismos o de su pasado. Los viajes suelen protagonizar gran parte del leitmotiv del autor francés. En El meridiano de Greenwich saltamos de París a una isla del Pacífico con absoluta sencillez, como si las calles de París tan renombradas por Echenoz formaran un gran universo urbano que abarcara a todo el planeta. En Me voy, el título es un presagio de una escapada y un regreso, en una estructura circular que a Echenoz le agrada visiblemente, como en Rubias peligrosas, que terminamos donde empezamos, con variaciones acordes con el desarrollo de la trama, y en este Al piano, que empieza con dos hombres que salen de la calle de Rome, y finaliza con un hombre y una mujer adentrándose en la misma calle, en un final cinematográfico que explica muchas cosas y deja otras en penumbra.

Por regla general una novela de Echenoz es una aventura increíble y difícilmente digerible en otro autor que sea él. El héroe de Echenoz actúa con razonamientos lógicos en un absurdo que le rodea sin que él parezca apreciarlo. Echenoz tiene una especial querencia por los seres imaginarios o fantasmagóricos. Beliard es el nombre elegido para bautizar a dos personajes distantes en el carácter pero comunes en su naturaleza fantástica: en Rubias peligrosas se trataba de un homúnculo, un gnomo que actuaba de conciencia de la protagonista, y en Al piano estamos ante una suerte de San Pedro estilizado y presumido que, como señalé antes, guía al pianista por los vericuetos de la muerte.

al piano

Y es que desde la primera página sabemos que Max Delmarc va a morir: “Morirá violentamente dentro de veintidós días pero, como no lo sabe, el miedo no le viene de ahí”. Max es un renombrado pianista que tiembla cada vez que se plantea la perspectiva de pisar un escenario, que fallece y que vive de nuevo para sus miedos. La novela, de hecho, se estructura en tres partes diferenciadas por el propio autor: la vida y obsesiones de Max en torno a sus actuaciones públicas, su estancia en un Purgatorio con apariencia de sanatorio mental, y su vida después de la muerte en la opción urbana. Como se puede apreciar no se trata de una novela de corte realista precisamente. Y sin embargo, los temas que se plantean son crudamente reales: la muerte, el amor no consumado, la traición o el desencanto. Y sobre todo, la continua huida de la personalidad, ese motor interno que dirige las acciones humanas.

Max vive cargando con sus culpas, que son fruto de sus propias deficiencias personales: la indecisión, la apatía, el miedo. Un atraco, probablemente la única acción valerosa que hará en su vida, le ocasiona la muerte, y a conocer a Beliard, un ángel que cae en desgracia (somos testigos privilegiados de su caída), revelándose como demonio en el Infierno; Max trabará amistad con Dean Martin y hará el amor con Doris Day, vivirá en pareja, con un hijo adoptivo de añadido, y dejará que el desencanto que presidía su vida anterior le posea de nuevo en un fatal desenlace cargado de sarcasmo.

Al piano es una novela redonda, por su narración impecable, por los temas que toca, por decirnos que la pusilanimidad lleva al ahogamiento en nuestros miedos, lo que no deja de ser una muerte como cualquier otra. Echenoz juega con las palabras, piezas de un rompecabezas que es el lenguaje, para edificar una historia absorbente, donde la primera línea sólo es el comienzo de la última.

(Al piano, de Jean Echenoz, traducción de Javier Albiñana, Anagrama, Barcelona, 2004)

Publicado en la revista “Clarín”, núm 56.

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